EL SALARIO DE CARONTE
Wholly to be a fool
While spring is in the world
E.E. Cummings
Inmortal Minerva o efigie numinosa de ave nocturna
amargo metal bajo las lenguas, ya sin palabras ni memoria,
de los cuerpos con desnudez de aguacero
que buscan a tientas la dulce caricia de la hierba profanada.
Caronte recibe su salario de fría aleación
y sólo queda entonces, sin sangre mortal ante la calígine inmediata,
el furor homicida de los lirios y las rosas carnívoras
lamiendo las frágiles calaveras de ilotas y tetrarcas vencidos
por los viscosos confines del Tártaro.
Lascia tutta la speranza,
también Buffalo Bill ha muerto
y el hombre de las patas de chivo
por los risco de North Conway,
en la tangente desnuda de un sueño decapitado,
búcaro donde anida el áspide
penetrando en la sustancia de cada atardecida
sobre combados azules o plateados tal vez.
Solitarios paladines con tizonas de adobe y alquitrán
hurgan en la devastación de una caricia herida
sobre viñedos de tinieblas o bastiones de plomo.
No son instantes tibios como la leche materna,
no el claro sabor de violoncello,
sino el tiempo y su mordaza
en la noche de rotación lunar y cabalística.
Invernales espuelas de hielo rasgadas por los solsticios en fuga
como un manotazo al céfiro escondido en el tiempo que queda,
oscuridad bufa y sangrante, bucaneros de la posmodernidad
que extienden vasijas de alacranes
en el batir nocturno de los cuerpos adormecidos.
Ahora a solas, las votivas cornejas que nos esperan
en el ábrego premonitorio de un latido incierto,
como una tralla en hombros sin redención
o en el clamor de la carne que todos fuimos
y todos seremos alguna vez en los límites de una madrugada
a su término o en la proyección del fuego en los cristales
que nos hace revivir, entre cabezas de grifones y vencejos muertos,
los viejos simulacros de amor y de odio,
acaso también, la desolación contagiosa en las secretas cuencas
de ojos como remordimientos
en los que se contempla un mundo al final rendido,
lejos de los nutrientes senos de la tierra,
de limpios roquedales o dardos y colmillos
en una luz fingida de cinematógrafo.
Traguetto de almas imposibles
en un inquietante verso de Poe
como un abismo blanco en el agua enmudecida
o el húmedo otoño de las plateadas almenas de Eritea.
Polvo dolorido o labios sobre sombras liberadas,
sous les pavés, la plage,
en la cornisa de un cielo metálico
y su herrumbre oscura de estancia dormida,
trémula piel cuando yace como un lagarto seco
en la resbaladiza muerte o en la vida que nos nombra.
De El Salario de Caronte (2018)