CIUDAD
Me cubre una seda inhóspita de serenidad fingida,
roca inmaterial, transparentando silencio
como una cítara muda donde estallan
los árboles sobre pezones erguidos de flores victoriosas.
Cuerpos verdaderos, acróbatas o aljibes, repartidos en sus lágrimas,
en un susurro de luz donde miente la sangre y alcanzamos la textura
de una pasión sin forma bajo los sauces aún dormidos.
Todo sobrevendrá según la palabra, dardo cruzando el aire
con la voluntad anónima y luminosa para que lo esperado suceda conforme
a un vino que se bebe en sorbos leves y azulados.
Una lucerna de agua o luna, como yunque sumergido en medio
de las olas, nos muestra la ciudad devastada, con quietud
de estalactita en un vértigo de tierra
y desamparo. Caminamos hacia otros hombres con gestos imposibles,
corazón hirsuto sobre una tristeza
que me queda en las pupilas, como un astro inaccesible
que sólo sospecho, entre carnes íntimas y claras espumas,
de caderas plegadas en los límites aborrecidos.
En este páramo de tréboles grises deletreo
las vértebras del agua sobre el insomnio de estípites
y aristas, transito la ciudad teñida de votivas bayonetas
y encendidos tirsos de ramas esforzadas.
Luz sin término en lo preciso, sepultándose
en sus orígenes de fina materia que te alumbra el rostro
vertido en lo inacabable; calles opacas, ramas isósceles
de perverso otoño como un signo persistente surcando
la noche encandilada de funestas alegorías
y arcángeles obscenos saliendo del mar.
Los edificios sostenidos en el aire,
en doloroso acecho, sueñan con el carnívoro
azahar de todos los senderos, altar confuso
en la desvanecida sustancia de los días,
en el fugitivo fuego sobre una ola de vértigo.
La carne grita en la tempestad de los sentidos,
fluyen las madreselvas estrictamente fieles
en los galpones taciturnos sobre los tejados,
vetas de silencios y alcanfores recientes
en el cieno dispuesto para una batalla.
Camino por la ciudad donde caen hasta morir
las sombras de quebradas flechas, rocío
que se pudre en el cielo deshojado
mientras mis manos se inundan de paz o sangre.


De Penélope y las horas sin retorno (2006)