PANELES DE ACERO
Y ahora sobre asientos no más ebrios
de amor y de emociones, te amaría.

Veo gente tirando de maletas,
persiguiendo relojes, traficantes
de áureas llegadas. En el vórtice
confluyen, apostados todos juntos.
Están los que atienden a la megafonía,
sin perder de vista cada salida,
que fluctúan en paneles de acero.
Y quienes se perdieron en ese justo instante.
Parece una cabina de ruido concentrado,
no una pintura que haya que guardar.

Mientras, espero a solas un tren, busco
en tu cuerpo que es el cuerpo que pienso,
en mis manos que no sean las mismas,
y no sé ya de mí, porque te supe
y nada ha vuelto ya a ser de otro modo.

Desde el andén que incita una distancia,
rumbo a un destino incierto, te amaría.

En la noche el silencio dilatado de un tren.


La luz de entre los cipreses (Sevilla: Ediciones en Huida, 2012)