SONETO DEL SILENCIO

Tu voz, que no se escucha, se mantiene
en el interno fondo regalada;
y es nuestra propia voz, que aunque no suene,
¡acaso sea la única escuchada!

-Senda escondida, manantial que viene
del infinito en marcha sosegada;
isla que sueña... lascitud selene...
Palabra no sabida ni olvidada.

A esta quietud del alma para el mundo,
nada se acerca tanto y se asemeja
como el cristal inmóvil de la fuente,

que en un silencio vasto -¡el más profundo!-,
y en un éxtasis, ¡todo se refleja
en su fondo, serena y mansamente!