AFUERA, LLUEVE


Desde que tú no estás,
el silencio
de nuestra habitación
presenta la dureza de la piedra,
presenta la aspereza de la luz
y su bondad indiferente,
presenta la quietud uniformada
de las sombras. 

Me repito: no estoy solo.
El tacto de mi sombra 
me lo recuerda.

Nunca pude pensar que dejarse morir
significase
un desertar que nadie nos reprende
y un acoger con ojos
serenos la mirada de los seres queridos;
llevársela en lo más hondo del alma
mientras afuera llueve lentamente.

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