Vendrás desde muy lejos a encontrarme, cruzando mil regatos y cañadas, buscando en mis veredas y vaguadas, el sitio en el que habrás de acariciarme. Y yo a ti me daré, sin demorarme, seguro que hallarás en mis moradas las tibias y escondidas pinceladas que guardan de mi vida humilde adarme. Llegado ineludible el suave viento, mis pasos marcharán con sumo anhelo al sitio donde fluye tu camino. Y dulce marcará tu fresco aliento el halo de mi paz y mi consuelo... Aquel que soñó siempre mi destino...