Tus verdes dehesas ancestrales pobladas por porcinos placenteros son hitos de mi vida tan señeros que avivan mis tristezas y mis males. Recuerdo mis paseos otoñales, alegre, recorriendo los senderos, ungido por los soles postrimeros fulgentes en los viejos arvejales. ¿Do fueron a parar aquellos años dichosos, en que en pos de la colmena perdíame en tus mares de castaños? Te añoro, mi sierra de Aracena, con Grutas de perfiles tan extraños, que lejos de su luz muero de pena.