El sur es un desierto que llora cuando canta y canta sin que riegue su llanto los caminos. Desierto florecido, vergel seco tu alma que lentamente hicieron sangrante los cuchillos. Esas lentas heridas que hieren y no matan y empujaron tus sueños donde habita el olvido. No esperaste sentado a que naciera el alba. Tu corazón rebelde no aceptaba el destino. No se quedó marchita la tierra que dejaste, pues cantó la semilla que esperaba en el tiempo para encender jardines que perfumen el aire y esparcir las esencias en las notas del viento. Tú solo caminaste por malditos senderos con tu demonio a cuestas y a tus pies los arcángeles, sentado sobre nubes y encadenado al suelo: de alas y cadenas los poetas bien saben. Poema cecido por la autora para www.poetasandaluces.com