Cual si de pronto se entreabriera el día despidiendo una intensa llamarada, por el acero fúlgido rasgada mostró su carne roja la sandía. Carmín incandescente parecía la larga y deslumbrante cuchillada, como boca encendida y desatada en frescos borbotones de alegría. Tajada tras tajada, señalando las fue el hábil cuchillo separando, vivas a la ilusión como ningunas. Las separó la mano de repente, y de improviso decoró la fuente un círculo de rojas medias lunas.