CIERTAMENTE DEBO TODA MI ALEGRÍA A LA LUMINOSA LUZ QUE TÚ VIERTES

Al Said de Bagdad: cierto día de lluvia, se dirigía éste, llevando unos vestidos completamente nuevos, a presentarse ante Al-Mansûr, cuando he aquí que pasó muy deprisa junto a uno de los estanques del palacio, con tan mala suerte, que resbaló cayendo al agua.


Ciertamente debo toda mi alegría a la luminosa luz que tú viertes,
y a la lluvia de regalos que copiosamente caen de tus manos.
Hasta el punto me quedé aturdido al verte,
que, inconsciente, caí en el agua de la profunda alberca.
Ten la seguridad de que si tu siervo hubiera permanecido sumergido
se hubiera debido a que tu generosidad le habría ahogado previamente.