A MI MADRE

¿Lo ves, mujer...? Todo llega en la vida
¿Un poco tarde? Acaso... Pero, no.
¡Qué importa el tiempo cuando no se olvida
y se sabe esperar como sé yo!
Tú decías, -¿te acuerdas?-: ¡Este hijo...!
Y suspirabas por el hijo raro
siempre en el alma el pensamiento fijo
que a tu materno amor costó tan caro.
Aquí tienes mi libro; poca cosa...
Un oscuro dolor y alguna rosa...
En tu mano halla él su mejor dueño.
Y como ya estás vieja y tan cansada,
madre, yo te lo doy para almohada,
para almohada de tu largo sueño.