Cisnes de Betis que en su gran ribera, las divinas canciones entonando, volvéis el triste ivierno en primavera; y cuando el aura dulce está espirando soléis ir con templado movimiento, sublimes por las ondas paseando; pues recebís de Apolo el sacro aliento y de las musas sois favorecidos, trocad la voz en lamentable acento.