COPLAS A LA MUERTE DE CARLOS LLAMAS
Tan buena fama tuvo que no fue tan famoso,
por eso a su recuerdo contagioso me arrimo,
bocazas, colchonero, fumeta, generoso,
primo de tanta gente tan huérfana de primo.

Póstuma rima, cursi coartada del cobarde,
oliéndonos de lejos, quiero decir tan cerca,
fuéramos tan amigos mañana por la tarde,
tan niños de provincia que nadan en la alberca.

Dos pájaros de un tiro tocaban en el foro,
su noble calavera besé en mi camerino,
nadie lo vio llorando, tan frágil, entre el coro
de bienaventurados que ignoran su destino.

Con las cuerdas vocales más chungas que las mías,
garrafón quitapenas de almenas antizafio,
desfieraba la fiebre su aliento cada día,
corría como liebre su inhóspito epitafio.

Maldito sea mi ombligo, ¿tan ocupado estaba
que no encontré madeja para tejerle abrigo?
sus vírgenes vestales dicen que me invocaba,
que yo no contestaba, que llueve y me maldigo.

Charly, hora veinticinco, cadena ser en vena,
tronco de Gabilondo, de Joan Manuel, de tantos
y tantas cenicientas que, contigo en antena,
se sabían más gente, menos oro, más santos.

Cuando en el purgatorio veas a mi Magdalena
cuéntale que las muertes son cosas de la vida,
dile que el tanatorio parece una verbena
donde paga otra ronda la sangre de tu herida.

Para Laura y David