PIEDRAS DEL CAUTÍN
Un camino mal trazado
con accidentales chepas,
que han formado con el tiempo
la peladilla y arena,
tiende el cordón de la vista
hacia un arriate de crestas.
Más allá de un cauce espúmeo,
que a la corriente se entrega,
sobre un celaje de luces
se alzan dientes de la sierra
azulada, que conforma
vagas y errantes hileras,
dentaduras de pinares,
fuentes del agua de leña.
Junto al lecho del Cautín
duermen redondeadas piedras.
Pequeños mundos inmóviles
son sus rodantes cabezas;
símbolos que no fenecen,
signos de estática muestra.
En las márgenes roídas
se apilan miles de piedras,
cráneos a flote, con siglos
de rebeldía y proezas.
Con lisa docilidad,
con pesada complacencia
leen mañana tras mañana,
enfrascadas en belleza,
la honrosa historia de Chile
en un río de esta tierra.
© Antonio Macías Luna