el sendero de amor que frente a mí iluminas,
guiándome hasta las puertas de mundos celestiales.
En el alba temprana y en los negros umbrales
de la noche quisiera penetrar, por las finas
ventanas de tus ojos, en tus miles de estrellas,
que para mí serán del orbe las más bellas.
Y cuando me rodee la muerte con su brazo,
con el angustioso estigma del final traspaso,
quiero que a mis oídos sólo llegue tu voz
brindándome, en susurros, para siempre el adiós.
© Antonio Macías Luna