Dios bendito, no pido demasiado
Porque soñar no cuesta ni un centavo.
Sueño sin lamer nubes de grandeza
Con un tablero tosco que me sirva
Para apoyar los codos de mis brazos;
Sueño sin codiciar lujo excesivo
Con cuatro palos rotos de madera
Sostén para el tablón que antes soñé.
Sueño sin codiciar bienes ajenos
Con poseer un tren nuevo de cuerda
Para hacer algo con los dedos
Sueño sin invadir propiedad de otros
Con que me entreguen una vía férrea
Para que ruede mi juguete humilde.
Dios bendito, no pido demasiado.
“¿Por qué tanto soñar sin exigir,
Hombre? Sueña en seguida que te envíen
Sin recargo la llave de la cuerda”.
Antonio Macías Luna