Avanza el segundero, se atrasa el minutero.
El tiempo descuartiza sus corroídas entrañas.
Las corta poco a poco con su cuchillo largo,
con su molino al viento de giratorias palas.
Somos horas en círculos, somos diales redondos.
Declinamos correr.
Nuestro afán es pasear
hasta la infinitud, y rendidos, cansados
de dar vueltas sin fin, dejamos de vagar.
© Antonio Macías Luna