CEDE TU FUEGO
Cede, reniega al fuego de tus iras.
Las bocas submarinas
apuntan surtidores como chorros
hacia las nubes, ninfas de vapor,
para apagar los rayos.

Se torna tu semblante rosa en rojo;
cede tu fuego a vientos que no prendan.
“¿Para qué están entonces?”
Para que sean padres de la brisa,
para que el matorral duerma en el bosque,
para que el mar se acerque hasta el arroyo.

“Espera a que te llegue mi oleaje,
seré de él todavía;
pero el mar ya me ha purificado.
Confía en mí porque la sal del alma
la he cedido con gusto a la bonanza.
Para ti seré brisa, bosque, arroyo.”

© Antonio Macías Luna