En invierno los bosques son mundos inertes
mientras crea el aromo digna majestad.
Su cuerpo se engalana de pomposidad,
los senderos airean amarillos fuertes.
En agosto* las ramas, ciegos palafitos
en flor no pueden ver andinas montañas:
horizontes con cerros y profundas mañas
custodian los perfumes de años infinitos.
En primavera un sol traicionero asoma;
disfrazada de otoño, se cobró el aroma
y las flores ya muertas cortaron sus flecos.
Por fin viene el verano que todo lo quema.
Se sofoca en diciembre, en cálidos ecos,
el aromo con verdes sin perder la flema.
*Es invierno en Chile
© Antonio Macías Luna