Grande el peso que encima se me vino
a mí, un sirviente tuyo, Poesía,
por montes de nublada hipocresía
con las cumbres flotando en blanco lino.
Solo, sin el joyel de tu esplendor
fui rincón que destierra sol y rosa.
Mientras cobraba sombras por mi error,
tú a las nieves cubrías de color
y otra vez regresaste, dadivosa.
Gracias por no mirarme con rencor.
© Antonio Macías Luna