El rostro de intención diabólica es
semejante a un chacal que abre la boca
y me ofrece una eterna dentadura.
Consigue regalarme con astucia
pecados de sus dientes uno a uno,
cada vez más profundos.
Yo quiero deshacerme de esos clavos,
cosas sin importancia para el hombre,
desprotegido bajo una armadura:
coraza de los ángeles malignos.
Y tumbado en mi anciana construcción,
cuando los ojos se unan con la muerte,
querré visualizar los tiempos corregidos,
en la espera de haberme adormecido
libre de sangre y llagas,
antes de hurgar la tierra con los dientes.
© Antonio Macías Luna