Mientras renacen perlas desheladas,
las rosas en la vida se concentran,
y se colman sus pétalos de noche
con gotas que las ciegan.
Se vuelven reflectantes
las paredes cargadas con las puertas,
y el día se acompasa
con el levante que a soplar comienza.
Tiene que ser así:
sobre malva el azul se despereza
en revolcones de aire,
en luminosidad de lumbre muerta,
y los viejos tejados
duermen como relojes de horas lentas.
© Antonio Macías Luna