Si el azar nos separa, está en su esquina,
oculto el rostro como un fantasmón,
y su actitud humilde me conmina
a imaginarla en besos de pasión.
Es limpio abrigo, espléndida persona;
sin nada a cambio presta a gusto ayuda
en los instantes de inquietud o duda.
Entonces habla tímida y razona.
Junto al hogar me da seguridad
mi sole, sole, sol, ¡mi soledad!
© Antonio Macías Luna