Lo entendí con la edad, altivo y manso.
Por fuerza he de mostrarme consecuente:
cada hora en la luz por la que avanzo,
con menos resplandor me ve la gente.
Al dorso de la mano unas arrugas
son contadoras de abundantes citas,
que terminaron a menudo en fugas.
Sin tiempo ya para rectificar,
tengo que conseguir velas benditas
para que alumbren mi apocado altar.
© Antonio Macías Luna