Sevilla en Semana Santa. Te encaminas
de madrugada un viernes al Calvario.
Avanzas doblando las piernas cansinas
por la cruz, Señor, digno escapulario.
En tus sienes sagradas, cruentas espinas
abren mil ríos en un bosque, estuario
de roja belleza y calma divinas;
para tus verdugos, sangre con mal fario.
La túnica morada persigue al viento
después que, piadoso, sales de tu altar
¡por mis pecados, Señor del Gran Poder!
Haz real, Dios mío, en Chile un portento:
tras tu Hijo en rodillas me quiero poner
y su talón débil y alzado besar.
© Antonio Macías Luna