Te digo adiós, Sevilla, subido en las alturas,
en tu Giralda enhiesta, torre cristiana y mora.
Al contemplarte, mi alma de niño surge y llora
viendo como los tiempos te cargan de estructuras,
de grilletes metálicos. Presa, en balde procuras
desquitarte conmigo, sevillano que añora
de ti la imagen vieja, la más deslumbradora:
una colcha engarzada con blancas colgaduras.
Tu apariencia cambiada me hace considerar
lo que hay dentro de ti como fingida muestra.
Digo adiós a los trémolos de tu moderna risa
y al cantar invariable de tu cálida brisa.
Digo adiós cuando parto a mi lejano hogar,
a un territorio ungido con sangre y savia nuestra.
(Soneto escrito con motivo de unas vacaciones en mi ciudad natal
en enero de 2006, antes de volver a Chile)
© Antonio Macías Luna