AL GUADALQUIVIR
Guadalquivir, calmoso y noble río
milenario, navegas contumaz,
vertiendo poderío.
Los naranjales con semblante en flor
pintan el gris de tu correr locuaz
con radiante esplendor.
Larga y plateada lengua
de corpulenta traza,
que en la distancia en fina espada mengua
sobre La Vega, bajo azul coraza.
Rey solemne, tu cetro viaja en fango.
Amasa la llanura
tu sello de alto rango
en dilatada anchura.
Temible azote de La Rinconada,
en días que te creces con premura,
en pavorosa riada
te dejas ir, ansioso de alcanzar
la desembocadura.
La estoica presa de Alcalá rezuma
tu enojo, tus brutales embestidas.
Agua, lodo y espuma
desgarran tus riberas ateridas.
Vuelan lejos mis sueños tras de ti,
quimeras infantiles
en nubes de aureola carmesí:
mis jóvenes abriles.
©Antonio Macías Luna