Lo consumían muchos para animar la vida:
el rojizo jarabe de Persia, Grecia y Roma.
Como esta sangre cierra todo tipo de herida,
hoy sin transfusión hasta el enfermo la toma.
Vomitada por Baco, volvió loco a Nerón
y un “vaso de bon vino” al ilustre Berceo,
para construir un verso, sirviole de armazón.
Hace que a más de un bardo, cautivo del meneo
de la pluma, le salgan rimas en aluvión
y entre sorbos navegue contra viento y mareo.
Enviado al Museo de la Poesía Manuscrita, S. Luís (Argentina)
Publicado en “Versos que empujan desde el alma”
©Antonio Macías Luna