La hoguera celestial
al este se rebela
ahuyentando las sombras
de la negra cuneta.
Bostezando al oeste
va una mancha cobreña:
llanuras y cortijos,
a los que libres dejan
las garras de la noche
mientras las acuarelas
del río atrapan grises
de árboles y laderas.
Al norte se perfila
el busto de la sierra.
Con honda pesadez,
hacia el sur las tinieblas
continúan reinando,
donde se despereza
Sevilla, y la Giralda
despacio se despierta.
© Antonio Macías Luna