EL TREN NOCTURNO DE LAUTARO
De madrugada cruza por Lautaro
un diablo oscuro en gélidos raíles,
que asustaría al Toqui con febriles
gritos y su ojo de potente faro.
Suenan con resonancia de disparo
los vagones del tren; con sus perfiles
siniestros corren locos y cerriles
mientras que al cielo piden paz y amparo
los protegidos de la noche en calma,
ante un insomnio que les rompe el alma.
Cuando el ferrocarril de los infiernos
dobla hilera de impávidos durmientes,
los vecinos, sufridos y pacientes,
velan al son de trepidantes pernos.
© Antonio Macías Luna