Lautaro impávido oye
el llanto, desbordándose en cadena,
de un río, de un torrente
que en sueños con las piedras se enreda.
Atardece en Lautaro
mientras se colorean
en el Llaima sus ubres nacarinas
con grises y magentas.
Lautaro se adormila con los remos
del Cautín chapoteando en las tinieblas,
con los bostezos lánguidos de un grillo,
hipnótica ronquera.
© Antonio Macías Luna