Frente a frente y el puzzle en medio. Sé que pude acertar solo el acertijo pero es más llevadero buscar juntos las piezas que completen el diseño. Nunca damos con todas: huecos hay porque ignoramos los cartones-guía, porque no damos con la pieza-clave, la pieza-madre que clausure el juego. Tú sabes que encontramos piezas falsas, quizá piezas que fueran de un tablero distinto, de otra caja. Parecían nuestras, mas su perfil no era el exacto. Apartarlas costó: nunca se juega sin arrancar un poco de esperanza, nunca se manipulan los proyectos sin arañar la piel de la alegría. Volvamos juntos al rompecabezas. No tengas miedo de elegir en vano, siempre vale la pena pretender dar un poco de amor al jeroglífico. Poco a poco el enigma se resuelve aunque se quede un cabo por atar. Hacer un puzzle es conseguir que todo concuerde con los límites del sueño. Porque soñar, jugar, vivir, son sólo formas de despejar la misma incógnita, fórmulas variadas de escoger las piezas y limar sus bordes ásperos. Tantos años y no hemos hecho nada más que intentar un poco de armonía entre las ciegas fichas que nos dieron por si solucionamos lo insoluble.