Se despidieron junto a la frontera donde empieza un oscuro continente. La tarde herida ya por el relente de lenta noche en cenicienta espera. Se despidieron. Nadie pensaría que iba a llegar tan áspero momento. La tarde, golpeada por el viento de la noche cercana, temblaría. “No regresan los sueños ni los años”, dijeron -. Y la voz de los extraños sonó, como escindiendo los caminos. Ambos durmieron con la misma esposa, ambos cortaron una misma rosa y de pronto tornáronse asesinos.