BEBE EL VINO

Bebe el vino junto a la fragante azucena que ha florecido
y forma de mañana tu tertulia, cuando se abre la rosa.
Ambas parece que se han amamantado en las ubres del cielo,
y que aquélla mamó leche, y ésta, sangre.
Son dos amigas, de las cuales
aquella se rebeló contra el alcanfor, rey de la blancura,
y esta desobedeció al granate, rey de lo rojo, y con razón.
La una es como un blanco idilio expuesto ante el que pasa
la otra, como la mejilla abofeteada en la triste mañana de la separación.
O, si lo prefieres, aquella es un manojo de mimbres de plata,
y ésta, una brasa cuyo rescoldo atizó el viento.